31.1.21

Humanita

 Esta semana que terminó fue compleja:

La empecé con insomnio y pesadillas porque tenía que declarar mi vida a un extraño.

Di clases dos horas y luego me fuí al edificio donde debía remover todo el dolor del pasado, recordar promesas rotas, revivir la esperanza vana, la soledad y la decepción; todo con el miedo de que el llanto no amainara a tiempo para dar mi última clase del día.

Luego, fue el inquilino a visitarme. Ese inquilino que no se va, y cuya estancia cada vez me entristece más. Estuvo acompañándome y tratando de hacerme reír, me había ofrecido llevarme un capuchino frappe y yo le dije que mejor me dijera una de sus  ocurrencias para sonreír un poquito 

Ojalá yo estuviera en su lugar, ojalá me supiera tan querida y admirada como él. Él toma mi cariño alegre, pero devuelve a cuenta gotas, situado en el nunca te corresponderé como deseas, pero me quedo.

Lo estoy ayudando a mudarse con la esperanza de que así también se mude de mi ilusión, se vaya de mi corazón y deje el espacio para el que desee corresponder mis afectos. 

Tuve mucho trabajo, mi refugio ante el desdén y la melancólia, un amor que si es tangible: la docencia, el compartir y tratar de colaborar así con el mundo.

Escuché a mi querido Sergio hablar de su libro una vez más, me llena de alegría verlo en su rol de escritor, ilustrándonos con su amor por la palabra.

Al final de la semana, estoy exhausta y agradecida, todo pesar pasado ha sido bendecido con muchas alegrías y persobñnas maravillosas. Tengo muchos proyectos geniales en puerta. 

Aún la situación con el inquilino, es algo para agradecerse, ha sido inspiración y alegría. Ahora es tristeza, pero esperanza de que si encontré alguien tan peculiar como él y lo amé, seguramente en algún lugar estará alguien que me amé a mí tal y como soy.


7.4.20

Renunciar

Hace unos meses cambié el nombre de un poema, se llamaba soñar, terminé poniéndole renuncia.
El poema habla de la lucha interna que tengo, como karma venido del cielo, me enamoré perdidamente de un caballero que ama la soledad.
Él siempre ha sido sincero conmigo, disfruta mi compañía y mi presencia; pero su corazón no está dispuesto hacia mi persona de la misma manera que el mío para él.
He dejado sin que él lo quisiera o pidiera que me habitara, que cada vez que su sonrisa aparece en su rostro yo me sienta aturdida, que cada vez que oigo su voz algo en mí se estremezca lleno de gozo y novedad.
Me hace sentir tan diferente, me hace dudar y pensar tanto que me obnubila.
Nunca nos hemos dado la mano o besado, y las contadas veces que la ocasión procuro un abrazo fue como abrazar un gato que desea salir corriendo de allí.
¿Hay alguna esperanza? No. Le abrí mi corazón y sólo obtuve un "soy lento para considerar a alguien como persona". De eso hace un año y simplemente no sé cómo curarme de él. Me encuentro en una lucha constante entre lo que mi corazón dicta y lo que la razón me dice.

Mi poema habla de soñar, del deseo ferviente de dejar de soñarlo, de anular toda esperanza, de tener unas pinzas para arrancarlo de mi corazón, sin importar si me desangro, ya otro me enseñó lo que es sentir que "mueres de amor". Sé que sobreviviré de nuevo.
Ese mismo poema, gira y mi alma se revela, vuelve la afirmación: "dejaré de soñarte" , una pregunta: ¿dejaré de soñarte? y se revela ante mí que no muere mi esperanza, estúpida esperanza que me deja inerme, ante su existencia.

Así pues, vana es mi renuncia ante él, por el momento, quiero renunciar, pero no sé sí a dejar de soñarlo o a el hecho de intentarlo.
Ni al que creí el amor de mi vida le escribí cosas tan hermosas como a este hombre.
Tengo miedo a estar obsesionada, dudo si necesito ayuda psicológica. O sí quererlo es sólo un pretexto para seguir sola, para no dejar que nadie entre en mi corazón de nuevo.
A mis casi 35 años solo van dos parejas que han marcado mi vida, uno por demostrarme que, a veces, la renuncia es la única salvación a romperse; el otro por recordarme que, a veces, aunque alguien sea maravilloso, no necesariamente tienes que quedarte si no es lo que quieres para ti. Con el segundo renuncié a un amigo y cómplice sin precedentes, con el primero a la promesa del primer amor que dura para siempre.
Me siento triste por tener que renunciar otra vez, lo curioso es que ahora es renunciar a lo que nunca ha sido.
Estar sola no me asusta, me asusta que tal vez nunca vaya a cumplir sueños que ahora hasta me cuestiono, como ser mamá, como hallar a alguien que desee envejecer a mi lado, como tener a alguien que valore lo que soy  y que se permita descubrirme mientras cambio a su lado.
No falta el caballero que se acerca y parece ver mi valía, mas soy caprichosa y soberbia, no me es suficiente, no quiero conformarme, y vuelve la palabra renuncia. No quiero renunciar al deseo que la razón de dejar mi cómoda soledad sea por alguien que me habite en todo sentido, que me deslumbre con su autenticidad y verdad, que no espere de mi renunciar, que sepa que las renuncias se dan por amor y que el límite lo pone aquel que renuncia.
Hace casi ocho años renuncié a mi familia y a algunos de mis sueños por alguien, alguien a quien amé profundamente, inmaduramente, gané mucho; perdí cosas de igual valor. No vuelvo a renunciar así, la vida cambia, nos cambia y hay cosas que simplemente no son negociables.


6.5.18

Dejar de llamarte amor

Querido mío,
sabes lo que has sembrado en mí:
ilusiones, esperanzas, sonrisas, amistad y amor.
El agradecimiento es inmenso, por eso duele tanto dejar de llamarte amor.

Dejaré de llamarte amor, aunque pesan:
tu aroma, mi refugio, mi calma;
las promesas que no cumplí;
tu hermosa piel que me fue negada;
los besos que no te daré: tiernos, ilusos o apasionados;
las charlas eternas, llenas de risas y tonterías;
las aventuras que emprendimos juntos;
las horas gozosas cocinando;
las sonrisas clandestinas que provocaba tu recuerdo;
tu mirada de amor inmenso;
la complicidad entre nosotros;
nuestras manos unidas.

Dejaré de llamarte amor,
me quedé sola en nuestra relación,
clamando que voltearas a verme y recordaras que me amabas;
pero el dolor en tu corazón es muy grande,
y no estás disponible para soñar a mi lado.
Mi luz y mi deseo se volvieron brasas;
que en lugar de animarte te calcinaban,
mi ardor no te calentaba, te quemaba.
Nuestro amor, se volvió doloso para ambos.
dejó de ser remanso, se volvió deflagración.
Ansias para tu tormento: rehuida a mi ardor por ti.

Dejaré de llamarte amor,
porque no logré que me miraras otra vez,
porque se volvió una lucha contra la efigie que tenías de mí,
porque nuestras sombras no supieron bailar juntas,
porque nuestra versión del amor es distinta,
porque dejamos de ser cómplices,
porque declararte mi sentir te resultaba penoso,
porque mis sueños y deseos a tu lado se volvieron carga.


Dulce y precioso hombre: ojos tristes, corazón fiel y bueno,
me voy de tu lado, no sin llorarte amargamente y sufrir tu ausencia,
me voy de tu lado, con ilusiones y corazón roto,
me voy de tu lado, triste, agradecida y amándote.
Me voy de tu lado, porque para tenerte necesitaría anularme.
Así, a partir de hoy, voy a dejar de llamarte amor.







20.4.17

Decires

Dijo que me dejaría con un beso esperando en los labios.
Dije que le daría todos los posibles para que eso nunca pasara.
Dijo que era el amor de su vida
Dije que siempre lo seguiría.
Dijo que nunca mentía, que por eso me decía verdades que dolían.
Dije que dejaría de dudar de él.
Dijo que ella había sido solo un desliz
Dije que sí podríamos con la situación.
Dijo que ya no podía más con mis celos infundados.
Dije que por la plácida desnudez de ambos en esas fotos, no parecían infundados.
Dijo que ya no podía con mi desconfianza.
Dije que ya no le creía nada.
Dijo que ella sólo cubría ciertas necesidades y él las de ella.
Dije que no tenía sentido volver a estar juntos.
Dijo que yo debí haber luchado por nosotros, que yo debía creer en el amor que vence todo.
Dije: "aún creo en el amor que vence todo, se llama amor propio".

12.6.16

Inocente

El baño era mi refugio. Solía meterme en la regadera, cerrar la puerta y dar rienda suelta a mi llanto sin importar si era hijo de la ira, la tristeza o la impotencia. A veces, me abrazaba a mi misma con fuerza para tratar de llenar el hueco que crecía tras cada desencuentro, algunas veces, de esos abrazos surgían moretones. Otras, cantaba en silencio himnos de melancólica libertad. Un día, casi me ahogo porque la desazón se atoró en mi garganta en forma de llanto y me impidió respirar.

En una ocasión él entró en mi cuartel mientras lloraba, me desnudo lentamente, abrió la regadera y empezó a bañarme con ternura. Resabios de esa ternura que alguna vez sintió por mí. El jabón y sus manos recorrían mi cuerpo con delicadeza. Mi piel se erizaba al volver a sentir sus manos tocarme. ¡Estaba viva! ¡Inocente!, lloré de alegría, tal vez había esperanza, tal vez en alguna parte de él aún había un espacio para mí.

Al terminar me cargó hacia la recámara y me secó con detalle, casi con amor. Me recostó en la cama. Se vistió, se perfumó y se fue a verla.

23.11.15

Jaula

Con el último residuo de un amor valiente, hizo lo que debió hacer hace años: la dejó ir.
Ella recogió los fragmentos de su amor propio y se percató de que siempre había sido libre.
Christian Schloe

7.9.15

Carta a un artista anterior 2015


Paúl:

Dejaste caer una gota de agua sobre mi muslo desnudo, la yema de tu dedo índice comenzó a dispersar las moléculas del líquido en círculos con movimientos cadenciosos, quiméricos. Más gotas caían. Tus ojos se perdían en la geometría de mis piernas, siguiendo las curvas que llevan a mi cáliz.

Sonreíste, mi piel desfallecía voluble a tus manos, mis otros sentidos navegaban del vacío a un puerto minúsculo en espacio, pero inmenso en sensaciones...

Cada encuentro era una exploración, un trabajo de orfebrería, de pintura, de escultura, donde tú eras el artista y yo el objeto de tu arte, me moldeabas y pintabas flores, pirámides, barcos, moluscos, aves, rascacielos, secoyas, tumbas, glaciares...

Grácil, sumisa, deseosa, impetuosa, a veces fácil, otras compleja, y más que nada, demudada de todo atisbo de pudor; te dejaba crearme, recrearme, destruirme, desarmarme; con la confianza de que hacías de mí: tu arte.

Algebraícamente ambos formábamos ecuaciones de segundo grado, yo siempre era la incógnita; por eso me explorabas en cada ocasión, no sólo con el pincel de tus dedos, sino con tus iris, con tus tímpanos, con tus papilas, con tus fosas y con tus lóbulos frontales. En cada operación yo agradecía que no pudieras resolverme, porque eso implicaría más algoritmos sobre mi cuerpo, más cóncavos y convexos, más bailes cuyo fin siempre era incierto, delirante y gloriosamente asfixiante.

¿Cuándo fue la última vez que te amé? Ya no me acuerdo. En realidad, la memoria de un amor roto y doloroso nunca es importante en los momentos de alegría. Sí. Tú te has convertido en un amor cascado, dejaste de ser el artista y te convertiste en un burdo e insulso imitador, dejaste de crear...

Convertiste nuestras colisiones creativas en rutinas gastadas por una invisible obligación; tus ojos se cerraban para pensar otras obras al estar conmigo. Como todo artista badulaque, tu rostro se resolvió en una befa hacia su arte, nuestro arte, hacia mí. Tus artesanales manos partieron mi cuerpo, lo demolieron mediante un acto morboso y pornográfico; llegabas estimulado por las musas del alcohol, el dinero y la falsedad a corroer mis naturales ornamentos. Poco a poco fui menos dócil y receptiva a tus haceres. ¿Qué esperabas? ¿Un amor mortificado y culpable esperándote? ¿La resignación a convertirme en parte de una producción masiva sin alma?

Te dejé, me aparte, y confieso: extrañe febrilmente al artista que fuiste unos años. Te odié por obligarme a dejarte. Mas me encontré, y me tracé con mis propias manos sobre las ruinas, otra vez existí, me derramé sobre el mundo y descubrí que aún sin ti podía ser bella. En mis huellas también había vena artística y no sólo pinté y esculpí; también escribí y canté: colibríes, cerezos, paisajes, cientos de flores, sílfides, nereidas y dríades, cuentos, leyendas, poemas, verdades...

Desde mi adiós han pasado más de 30 años, muchos ¿verdad? La magia del Kairos, es que puedo rememorar lo bello y ser feliz, hacer tratos con la prematura demencia senil y ofrendarle mis dolores al olvido.

Llegas a mí, te veo derruido, después de años de incertidumbre, meditaciones y veleidosas risas de burdel. Vienes declarándome que en mí estaba tu numen, que los aromas de otras entraron a tus sentidos y te hicieron insensible a mi magia. Buscas la tranquilidad y las seguridad que encontrabas en mí, un ser que estuvo siempre totalmente desnudo ante ti. Crees que tienes el poder de reanimar un inmenso amor oculto, y que podrás pasar tus últimos años entre los algodones del perdón y la soledad compartida.

Lo siento, pero este ser y este cuerpo más viejos, desgastados y vividos, así como los ves; ya tienen su artista, ella y yo nos gozamos, nos escribimos, nos pintamos, nos modelamos, nos forjamos y nos asolamos a cada instante; con miradas, con suspiros, con caricias, con sollozos y con gemidos. Su nombre es Juno; ella ocasionalmente se esconde en las entretelas de las cortinas y nos mira a Mateo y a mí; mientras deja que él me bosqueje y que yo haga estudios de él. Juno nos deja ser juntos y se queda tranquila, porque ahora sabe que mi verdadera artista es ella.


Sinceramente mía.
Juno


Leonid Afremov