4.11.12

Meditaciones cardiacas

Lacónico corazón, sabe a melancolía, apesta a soledad.
Sí. Vive desengañado, dolido y acongojado, temiendo que nunca termine esa realidad.
Le dicen las neuronas que no está solo, pero el intuye la verdad.
Si no estuviera solo, las lágrimas, que no se expresan, no anidarían como indeseadas palomas en él.
Le dicen  las arterias que es amado, pero le exigen que no se apasione, que asuma la vida en silencio y asintiendo, que no demuestre su sentir: sea beneficioso o desagradable.
Si fuera amado recibiría la pasión que él emana en cada uno de sus actos y que desea compartir con el mundo.
Le dicen sus venas que ha sido un error; que aproveche que aún desea latir.
Si fuera un error él sabe que ya habría hecho algo, se habría detenido o habría abandonado ese pecho.
Le dice la vena aorta que no pierda la esperanza, que las cosas serán mejores algún día.
Si no tuviera esperanza, sería libre en ese punzante dolor, sería un ente con posibilidades.
Pesaroso puño de carne y pulso, tiene un gusto a abandono, huele acedo: a mediocridad.
Un corazón apasionado no puede someterse a un mundo mediocre, es tirar su belleza y valía a la vacuidad.