La lluvia me los ha recordado.
Labios que enmarcaban esa sonrisa hermosa, franca y de lado.
Han venido a mí, esos hoyuelos que se asomaban en tu rostro adolescente, y que eran mi delirio; están aquí en mi mente, llenándome de unas ansias casi infantiles por verte, por saber de ti; aunque sé que ya no existes.
Esos lunares en tu faz que me fascinaban: coquetos y de varios tamaños, ¿qué será de ellos?, ¿el tiempo los habrá borrado de tu rostro? o ¿seguirán allí?, como siguen en mis recuerdos.
Oír, ver, sentir la lluvia se ha vuelto un ejercicio de recordar la imagen inexistente que formaste con una canción que te compartí: yo partiendo en un tren viéndote de lejos.
Lo que no sabes, es que me veo ardiendo en el deseo de no irme, de atarme a ti y enfrentar el peso de quedarme, de dejar toda mi realidad y entregarme a un sueño de niña.
Darme a esos deseos de escucharte filosofar tonterías, de verte anonada sonriendo, tomar tu mano y sentir todo en mí estremecerse. Temblar, temblar, temblar en un acto inocente, dulce, tierno.
Me esfuerzo por no pesar en ti, porque ya son muchos años refugiándome en tu efigie. Cuando las cosas van mal, cuando no encuentro el sentido en los demás: estás tú, triunfal, sonriente, coqueto; trascendiendo el tiempo, los lugares, nuestros cambios, nuestras decisiones, mis decisiones.
Es más fácil tenerte a ti, ilusión traviesa y escurridiza, que buscar al real, al que tiene ya una vida, una historia y que no es conmigo.
Amanecí deseando tus labios aunque nunca los he probado.
Me dí cuenta que no te he soltado.
Es difícil dejarte ir y ver con nuevos ojos a los otros, sin la carga de comparar la imagen que me he inventado de ti a lo largo de estos años.
Necesito soltarte, sin embargo, a veces, el amor adolescente se vuelve adulto y te deseo entre mis sábanas. Que tortura alejarte.
Imagino tu aroma, la textura de tus manos sobre mis curvas. ¿Serán suaves?o ¿tendrán una agreste textura? De cualquier manera las encontraré deliciosas. Me imagino besándolas mientras las guío a través de mí, ayudándome a reconocerme como mujer una vez más, como una mujer celeste y de tierra... porque sé que mi cuerpo, ante ti, no sólo se entregará al instinto táctil, sé que me daré con todo y alma.
Por esos instantes,todo mi ser se volcará en ti, serás mi universo y tu gozo será uno con el mío.
Me veo reconociendo tu piel, explorándote entre sensualidad y picardías, tatuando tu aroma en mis labios con besos. Dejándote robarme el aliento con cada vaivén de nuestros elementos.
Me esfuerzo para no pensar en ti...tú tocándome, cuál gota de rocío tras sequía, reviviendo cada poro, llenándome de vida. Sin embargo, vuelvo... me repito que ya no existes...suspiro, susurro tu nombre y vuelvo.
Vuelvo al amanecer deseando tus labios aunque nunca los he probado.