23.11.15

Jaula

Con el último residuo de un amor valiente, hizo lo que debió hacer hace años: la dejó ir.
Ella recogió los fragmentos de su amor propio y se percató de que siempre había sido libre.
Christian Schloe

7.9.15

Carta a un artista anterior 2015


Paúl:

Dejaste caer una gota de agua sobre mi muslo desnudo, la yema de tu dedo índice comenzó a dispersar las moléculas del líquido en círculos con movimientos cadenciosos, quiméricos. Más gotas caían. Tus ojos se perdían en la geometría de mis piernas, siguiendo las curvas que llevan a mi cáliz.

Sonreíste, mi piel desfallecía voluble a tus manos, mis otros sentidos navegaban del vacío a un puerto minúsculo en espacio, pero inmenso en sensaciones...

Cada encuentro era una exploración, un trabajo de orfebrería, de pintura, de escultura, donde tú eras el artista y yo el objeto de tu arte, me moldeabas y pintabas flores, pirámides, barcos, moluscos, aves, rascacielos, secoyas, tumbas, glaciares...

Grácil, sumisa, deseosa, impetuosa, a veces fácil, otras compleja, y más que nada, demudada de todo atisbo de pudor; te dejaba crearme, recrearme, destruirme, desarmarme; con la confianza de que hacías de mí: tu arte.

Algebraícamente ambos formábamos ecuaciones de segundo grado, yo siempre era la incógnita; por eso me explorabas en cada ocasión, no sólo con el pincel de tus dedos, sino con tus iris, con tus tímpanos, con tus papilas, con tus fosas y con tus lóbulos frontales. En cada operación yo agradecía que no pudieras resolverme, porque eso implicaría más algoritmos sobre mi cuerpo, más cóncavos y convexos, más bailes cuyo fin siempre era incierto, delirante y gloriosamente asfixiante.

¿Cuándo fue la última vez que te amé? Ya no me acuerdo. En realidad, la memoria de un amor roto y doloroso nunca es importante en los momentos de alegría. Sí. Tú te has convertido en un amor cascado, dejaste de ser el artista y te convertiste en un burdo e insulso imitador, dejaste de crear...

Convertiste nuestras colisiones creativas en rutinas gastadas por una invisible obligación; tus ojos se cerraban para pensar otras obras al estar conmigo. Como todo artista badulaque, tu rostro se resolvió en una befa hacia su arte, nuestro arte, hacia mí. Tus artesanales manos partieron mi cuerpo, lo demolieron mediante un acto morboso y pornográfico; llegabas estimulado por las musas del alcohol, el dinero y la falsedad a corroer mis naturales ornamentos. Poco a poco fui menos dócil y receptiva a tus haceres. ¿Qué esperabas? ¿Un amor mortificado y culpable esperándote? ¿La resignación a convertirme en parte de una producción masiva sin alma?

Te dejé, me aparte, y confieso: extrañe febrilmente al artista que fuiste unos años. Te odié por obligarme a dejarte. Mas me encontré, y me tracé con mis propias manos sobre las ruinas, otra vez existí, me derramé sobre el mundo y descubrí que aún sin ti podía ser bella. En mis huellas también había vena artística y no sólo pinté y esculpí; también escribí y canté: colibríes, cerezos, paisajes, cientos de flores, sílfides, nereidas y dríades, cuentos, leyendas, poemas, verdades...

Desde mi adiós han pasado más de 30 años, muchos ¿verdad? La magia del Kairos, es que puedo rememorar lo bello y ser feliz, hacer tratos con la prematura demencia senil y ofrendarle mis dolores al olvido.

Llegas a mí, te veo derruido, después de años de incertidumbre, meditaciones y veleidosas risas de burdel. Vienes declarándome que en mí estaba tu numen, que los aromas de otras entraron a tus sentidos y te hicieron insensible a mi magia. Buscas la tranquilidad y las seguridad que encontrabas en mí, un ser que estuvo siempre totalmente desnudo ante ti. Crees que tienes el poder de reanimar un inmenso amor oculto, y que podrás pasar tus últimos años entre los algodones del perdón y la soledad compartida.

Lo siento, pero este ser y este cuerpo más viejos, desgastados y vividos, así como los ves; ya tienen su artista, ella y yo nos gozamos, nos escribimos, nos pintamos, nos modelamos, nos forjamos y nos asolamos a cada instante; con miradas, con suspiros, con caricias, con sollozos y con gemidos. Su nombre es Juno; ella ocasionalmente se esconde en las entretelas de las cortinas y nos mira a Mateo y a mí; mientras deja que él me bosqueje y que yo haga estudios de él. Juno nos deja ser juntos y se queda tranquila, porque ahora sabe que mi verdadera artista es ella.


Sinceramente mía.
Juno


Leonid Afremov

9.8.15

Y llega hermosa, luz a mi alma... se manifiesta con notas de piano. De pronto un mundo árido y sin color se monta ante mis ojos cerrados; mis pies caminan lentos entre la devastación; siento las lágrimas surgir, líquidas y bellas, tan propias del momento.  Siguen las manos invisibles acariciando el piano; dando vida a la muerte, creando un hermoso paisaje ante mis pies fatigados, se conmociona mi corazón, brotan árboles, brota un cielo azul, las aves surcan un cielo que nunca he visto, y de pronto brota el viento...
El viento, acaricia mi cuerpo con esa pasión deseada y me percato que esa pasión proviene de mí, de esta tierra y me siento bienvenida. Curiosos mis pies recorren la tierra húmeda y roja, que deleite sentirla bajo mis pies, sentir las palpitaciones de mi corazón ante el gran evento que es vivir, ya no es un piano es una orquesta.
Reflexiono: sólo se trata de mi imaginación, ¿por qué mi corazón se siente poseído y lleno de una dicha que parece desconocer? No lo sé, pero me siento arrojada al mundo donde todo es poético, donde mis sentimientos encontrados encuentran su lugar, mi hogar, dentro de mí, me siento viva.
Tal vez es el recuerdo de cuando una idea conmovía mi corazón y yo encontraba refugio en las palabras... se ha terminado la melodía... el arrobamiento se acaba.
Pero algo en mí se a transformado y está gestando en mi una historia...


31.7.15

-Sin título-

Tengo una dicha secreta.
No es de esas alegrías que se pueden guardar en un cajón y ser olvidadas hasta que la fortuna de andar buscando otra cosa las hace tangibles. Tampoco, es de aquellas que me vuelven un ser más profundo y reflexivo, más atractivo para otros seres. Definitivamente no es un gusto culposo, que hace que me sonroje cada vez que soy descubierta en el gozo de "degustarlo", en cualquiera de sus manifestaciones. No es una carta, libro, o cualquier otro escrito, cuyos remitentes o autores pueden haber llenado mi espíritu, alma, corazón, mente o piel de placeres inenarrables y sólo míos. 
Alguien podría aventurar que se trata de una memoria, de uno de esos eventos secretos que se irán con nosotros a la tumba junto con las personas u objetos que fueron participes o testigos de ellos, sin embargo, tampoco es eso.
Alguna vez llegué a creer que se trataba de una consecución de hechos afortunadamente acomodados, que lograban conmover mi esencia: porque algo parecido a esa dicha secreta y oscura emergía en mí. Se parece al placer que emerge cuando converso con ciertas personas y parece que el tiempo se detiene, cuando el mero hecho de conversar con ellas es un acto poético y todo el entorno se vuelve cómplice y personaje de ese acto; cuando todo mi ser parece ser un contenedor de emociones espasmódicas, que no desean llegar a la resolución, o ruegan el favor femenino del multiorgasmo. En esos momentos pareciera que hacemos el amor con palabras, con ideas y las sensaciones y emociones  que se revisten de ellas; y me enamoro, me enamoro de la humanidad que se refleja en mis interlocutores y siento esperanza, una profunda admiración y agradecimiento. Mas esta dicha, a pesar de ser muy profunda e intensa, no es mi dicha secreta.
A veces cuando veo en mi reflejo, los surcos que la vida y sus vicisitudes van trazando en mi rostro y, en forma de níveas líneas, en mi cabello, me aterrorizo y sonrio. Alegría es descubrir que soy finita y que el tiempo no pasa en vano, que su hálito se refleja en mí y me recuerda que soy pequeña y endeble ante la fuerza del universo. Las lágrimas, vestigios alegres y tristes, cobran sentido y me insuflan el pecho de satisfacción; por supuesto, luego viene la sensación de inmensidad y siento miedo, un miedo "rico" que no deja de ser miedo. Aunque esta alegría no la comparto con nadie, no la siento secreta, cualquiera que llegara a preguntarme al respecto, recibiría sin duda mi honesta respuesta.  Así, que en efecto, ésta no es mi dicha secreta.
Mi dicha secreta se viste de incertidumbre, de lo cotidiano que es extraordinario; juega conmigo, se burla y ríe de mí, de mi finitud, de mis gustos, de mis memorias, de mis temores, de mis ardides, de mis "ardores". Mi dicha secreta es...
¡Qué abrumador es encontrarme ante mi propio desnudo! Escuchar las risas infames del juicio, ante mi cuerpo humano, imperfecto a sus ojos; tan perfecto a los míos. Apolíneo porque carga con mi esencia y con mi existencia. Doloroso es percatarme que lo que yo veo en ese compuesto de arena de sílice y azogue; esa masa latente: con sus curvas femeninas y esa piel que siente el más desventurado roce y vibra; es visto como un ente que necesita ser moldeado, delimitado y cubierto. ¡Vestido! Cómo si fuera algo sucio o impropio, algo abominable y digno de reprobación, aún cuando estoy en la intimidad de mi hogar; aún cuando solo estoy conmigo, reconociendo la maravilla que me porta y que me brida placeres esperados e insospechados.
Aunque físicamente sigo en la soledad bella y pudorosa, puedo oir las risas, ver los dedos que apuntan, los codazos cómplices y sardónicos; esto que hago, no lo debería de realizar, mi desnudez debería ser momentánea,  transitoria y no un acto constante, secretamente dichoso.

24.6.15

Amanecer

Amanecí deseando tus labios, aunque nunca los he probado.
La lluvia me los ha recordado.
Labios que enmarcaban esa sonrisa hermosa, franca y de lado.
Han venido a mí, esos hoyuelos que se asomaban en tu rostro adolescente, y que eran mi delirio; están aquí en mi mente, llenándome de unas ansias casi infantiles por verte, por saber de ti; aunque sé que ya no existes.
Esos lunares en tu faz que me fascinaban: coquetos y de varios tamaños, ¿qué será de ellos?, ¿el tiempo los habrá borrado de tu rostro? o ¿seguirán allí?, como siguen en mis recuerdos.
Oír, ver, sentir la lluvia se ha vuelto un ejercicio de recordar la imagen inexistente que formaste con una canción que te compartí: yo partiendo en un tren viéndote de lejos.
Lo que no sabes, es que me veo ardiendo en el deseo de no irme, de atarme a ti y enfrentar el peso de quedarme, de dejar toda mi realidad y entregarme a un sueño de niña.
Darme a esos deseos de escucharte filosofar tonterías, de verte anonada sonriendo, tomar tu mano y sentir todo en mí estremecerse. Temblar, temblar, temblar en un acto inocente, dulce, tierno.
Me esfuerzo por no pesar en ti, porque ya son muchos años refugiándome en tu efigie. Cuando las cosas van mal, cuando no encuentro el sentido en los demás: estás tú, triunfal, sonriente, coqueto; trascendiendo el tiempo, los lugares, nuestros cambios, nuestras decisiones, mis decisiones.
Es más fácil tenerte a ti, ilusión traviesa y escurridiza, que buscar al real, al que tiene ya una vida, una historia y que no es conmigo.
Amanecí deseando tus labios aunque nunca los he probado.
Me dí cuenta que no te he soltado.
Es difícil dejarte ir y ver con nuevos ojos a los otros, sin la carga de comparar la imagen que me he inventado de ti a lo largo de estos años.
 Necesito soltarte, sin embargo, a veces, el amor adolescente se vuelve adulto y te deseo entre mis sábanas.  Que tortura alejarte.
Imagino tu aroma, la textura de tus manos sobre mis curvas. ¿Serán suaves?o ¿tendrán una agreste textura? De cualquier manera las encontraré deliciosas. Me imagino besándolas mientras las guío a través de mí, ayudándome a reconocerme como mujer una vez más, como una mujer celeste y de tierra... porque sé que mi cuerpo, ante ti, no sólo se entregará al instinto táctil, sé que me daré con todo y alma.
 Por esos instantes,todo mi ser se volcará en ti, serás mi universo y tu gozo será uno con el mío.
Me veo reconociendo tu piel, explorándote entre sensualidad y picardías, tatuando tu aroma en mis labios con besos. Dejándote robarme el aliento con cada vaivén de nuestros elementos.
Me esfuerzo para no pensar en ti...tú tocándome, cuál gota de rocío tras sequía, reviviendo cada poro, llenándome de vida. Sin embargo, vuelvo... me repito que ya no existes...suspiro, susurro tu nombre y vuelvo.


Vuelvo al amanecer deseando tus labios aunque nunca los he probado.