6.5.18

Dejar de llamarte amor

Querido mío,
sabes lo que has sembrado en mí:
ilusiones, esperanzas, sonrisas, amistad y amor.
El agradecimiento es inmenso, por eso duele tanto dejar de llamarte amor.

Dejaré de llamarte amor, aunque pesan:
tu aroma, mi refugio, mi calma;
las promesas que no cumplí;
tu hermosa piel que me fue negada;
los besos que no te daré: tiernos, ilusos o apasionados;
las charlas eternas, llenas de risas y tonterías;
las aventuras que emprendimos juntos;
las horas gozosas cocinando;
las sonrisas clandestinas que provocaba tu recuerdo;
tu mirada de amor inmenso;
la complicidad entre nosotros;
nuestras manos unidas.

Dejaré de llamarte amor,
me quedé sola en nuestra relación,
clamando que voltearas a verme y recordaras que me amabas;
pero el dolor en tu corazón es muy grande,
y no estás disponible para soñar a mi lado.
Mi luz y mi deseo se volvieron brasas;
que en lugar de animarte te calcinaban,
mi ardor no te calentaba, te quemaba.
Nuestro amor, se volvió doloso para ambos.
dejó de ser remanso, se volvió deflagración.
Ansias para tu tormento: rehuida a mi ardor por ti.

Dejaré de llamarte amor,
porque no logré que me miraras otra vez,
porque se volvió una lucha contra la efigie que tenías de mí,
porque nuestras sombras no supieron bailar juntas,
porque nuestra versión del amor es distinta,
porque dejamos de ser cómplices,
porque declararte mi sentir te resultaba penoso,
porque mis sueños y deseos a tu lado se volvieron carga.


Dulce y precioso hombre: ojos tristes, corazón fiel y bueno,
me voy de tu lado, no sin llorarte amargamente y sufrir tu ausencia,
me voy de tu lado, con ilusiones y corazón roto,
me voy de tu lado, triste, agradecida y amándote.
Me voy de tu lado, porque para tenerte necesitaría anularme.
Así, a partir de hoy, voy a dejar de llamarte amor.







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