Sonó una vez más el despertador biológico, busqué el reloj con premura, deseando que la ansiedad haya confundido a la biología y me quedara más de una hora de reconfortante flojera en la cama antes de comenzar otro redundante día, otro lapso de 16 horas de girar de manecillas y pasos pautados por la rutina que mis propias decisiones me habían impuesto.
Mis amistades encopetadas y altivas sonreían cuando les hablaba del dolor que sufría mi alma de artista con la rutina, mis amistades bohemias aullaban conmigo la pena en las tertulias, pero entre copas me revelaban la ligera envidia que les daba el hecho de que mi vida tuviera un rumbo cierto, mientras las de muchos de ellos eran un intercambio constante de signos de interrogación y de admiración: ¿ajustará la beca de conaculta para fin de mes?, ¡un trabajo de cuatro meses!, ¿un mecenas moderno?...
1 comentario:
Me encanto la metonimia de el intercambio constante de signos de interrogación y de admiración.
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